«CACHORRO»
En tu peregrinar eterno
de la eterna Mutación,
naces en la Expiración
con profunda muerte
de vida y Resurrección.

Desde el Gólgota a Triana,
por cúmulos de montes
emergentes de mil mares
que cientos de lunas bañaron,
vuelve a verter tu costado,
por relámpago de acero
en la agonía de un gitano,
el blanco carmín de armiño
que derrama mi altivez.

Fue de nuevo la reyerta,
que la herida abrió otra vez
y del circular holocausto,
nueva muerte, nuevo Ser.

Es la pelea del hombre,
es la terrible amargura
de morir sin la razón,
la daga sobre tu pecho
para enmudecer la Voz.

Y así, la herida punzada,
alivio de mi dolor.
Y así, el precioso fluido,
la hiel de mi corazón.

Señor: que entrañas tengo
que deshiela en rojo luto
la pura nieve del Sol.
Señor: que herida en la herida
enferma en llaga mi corazón.

Mirando tu faz serena
“cuando la gubia calló”,
de tu garganta quebrada
exhalas sublime Oración:
¡Amor!, ¡amor!, ¡amor!...
¿Habrá cabida en mi pecho?
¿Aguantara el corazón?

Solo tú has visto Su rostro,
solo tú, ¡Expirador!.
Desvélame el secreto,
¡oh, muerto Redentor!

Y en la cita inexorable:
Cachorro, gitano, ¡dame valor!;
¡navégame sobre tus andas
por el Gran Rio de Amor!;
¡guíame hacia tu playa!;
¡fúndeme con tu Sol!.

F.P.O. “Aedo”
Sevilla, 5 de marzo de 2008