BINARIOS


BINARIOS
 
 
Amaneció el día larvado en el tiempo
y dos soles anunciaron el orto tan deseado.
Un mensaje de ceros y unos recorrió el Universo
y la Entropía, por un ínfimo instante, quedó paralizada.
La doble hélice recordó su giro ancestral
y de la Caja Amarilla escaparon los geniecillos azules y rojos,
que juguetones sobre el inmenso manto gris del Cosmos,
hicieron brillar los colores y transformaron
los sórdidos ruidos en armoniosas elipses.
Un Día y una Noche agitó las conciencias
 que como agua y aceite separaron sus corazones,
lastrados por mor de la espesa gravedad.
Los pulsos de los Duendes Verdes giraron enloquecidos
y los Agujeros Negros engullían sin mirar la identidad.
Norte y Sur se tornaron vacilantes
 y, atrapados en su jaula dorada, aquellas miradas sublimes
engendraban vidas y calcinaban muertes.
Ciclo a ciclo la Ley de Clausius/Blotzmann se impuso
y por breves momentos cesaron los rayos,
pero millones de eternos años giraron en un instante
y otro amanecer nos sorprendió con tres soles.
                                                                            F.P.O. Aedo
                                                             Alcalá de Guadaíra, 13 de enero de 2013


La CURIOSITY

Y la flecha surcada su destino incierto
antes de alojarse en el corazón de aquel valiente guerrero.
Como una trayectoria surgida de una misteriosa ecuación,
se deslizaba abriendo los átomos del viento Solar.

“¡Corramos hacia el país binario de Tolimán, los planetas ya se ven!”
“¡El gran ojo de Júpiter nos hace un visaje!”
“¡No reparemos esfuerzos, la Música nos llevará!”
-Gritaban los pasajeros del deseo-

Las crispas melódicas de la fricción
 jugaban a ser estrellas en la ventana de la noche,
y la saeta se deshizo en miríadas de bosones
que guasones cantaban buscando a Higgs.

Un silencio interestelar se alojo en el laberinto
y el Cosmos reflexiono sobre si mismo.
¿Donde está el Philosophiæ Naturalis Principia Mathematica?...  
Todos callaron absortos en elucubraciones neuronales,
más un niño a plena luz del día jugaba a la peonza
y sintió una profunda curiosidad
cuando una manzana le golpeó la cabeza.

El gran plasma del jardín marcaba las 05:32 GMT,
era lunes seis de agosto de dos mil doce,
y aquella pueril y caprichosa indagación
voló más allá de la curva del fin.  
 
                                FPO
                               Alcalá de Guadaíra, 7-8-2012

TEORIA DE LOS GEMELOS EN EL MANANTIAL

      Calerón, Tesorillo, Manjalen, así se llamaban los manantiales de mi niñez. Eran como templos paganos que visitaba en peregrinación anual cuando por la primavera se producía su eclosión. Tal vez una tarde de marzo, allí, en la ribera del Tesorillo quedo mi gemelo, mi clon, un trozo indefinido de mi alma, cuando aquel día incierto, jugando desnudo en su orilla note que mi ser se desgarraba ante la presencia de mi propia aparición: Me había alumbrado el espejo de la conciencia, y quedé sorprendido al contemplar la visión de mi cuerpo. Aquella grácil figura de los siete años que misteriosamente surgió del bosque de las neuronas y que reconocí al instante como un viejo amigo del mar, ya nunca más me abandonaría en la sinuosa corriente.
      La imagen salto y con ligereza infantil, se sumergió en los remolinos lunáticos del torrente y por los meandros y rápidos se deslizo mi cuerpo con el corazón vacío, pero henchido de aire fresco. Desde entonces navego por múltiples causes, con el alma ausente de aquella brisa de juventud. Y así, exploro las riveras de la vida con la amarga sed de los vastos mares. ¿Por qué, es el deseo el remo del bajel que te impulsa hacia el oasis del mar?
      La herida de la conciencia acotó ese día como el punto de modulación de los universos paralelos en los que se desdoblan los seres humanos. En ese clip de los cúmulos del tiempo, todavía me siento inmerso en el remanso uterino de las aguas incoloras, abrazado en el calido manto del ancestral regazo; gozando de las primeras líneas del libro blanco; sintiendo la plenitud del descubrimiento.
      Ahora, en esta altura, lanzo mi piedra al lago y quiero descubrir la formula para volver el corazón: ¡recordar! Y así, escudriñando los meandros del espacio, sentir el pulso “molto vivace” de un cuerpo ingenuo, en derivada cadencia hacia un “adagio” de sesenta y tantos compases.
      Decía el filósofo: “La juventud se cura con los años”. Pero, ¿por qué esa relativa nostalgia cuando los pasos zigzagueantes de los relojes separan inexorablemente los caminos, y un guarismo desprendido puede girar tu rumbo hacia una infinitud de estrellas?
      Hoy, en este horizonte, siento la frialdad de sus manos igual que el vaivén de un adiós; igual que un gesto de desamor, que mece a la vida, pero que en su mismo fluir muere y nunca jamás te volverá a bañar en sus besos. Palpo en su humedad, millones de lagrimas vertidas por el cotidiano existir que avanza surcando las orillas de lo querido y más tarde repudiado. Veo aquellas aguas como una inmensa bola de mercurio; como un mágico fluido que alivia el peso y cuyo magnetismo te seduce hacia el torbellino de lo incierto; hacia la gruta cóncava; hacia el agujero negro, en donde emana con otras leyes de desconocidos parámetros la doble hélice. Oigo la sinfonía de sus moléculas entonando el primigenio canto, imposible de encauzar en pentagramas de milenarias líneas. Huelo en su esencia insípida, las fragancias eternas del amor, la pureza inmaculada del cristal. La bebo como un anhelado elixir; como un bálsamo benefactor que súbitamente cura las pueriles heridas del amor naufragado en desamor.
      ¡Mañana, al instante, en la brevedad de un suspiro! ¿Quizás mil años? Aquí, en la otra orilla percibiré desde la lejanía los acontecimientos difusos; convergentes y distantes; emanados de las galerías del tiempo, cuyos pálpitos acariciaran la piel de mi corazón al intuirlos próximos, y éste me revelará, desde cualquier punto de las galaxias, desde cualquier momento del orbe entero y su más allá, a un joven inclinándose sobre una fuente para sentir ese placer vacilante de la sed calmada, que es la sal de la vida, y cuyo pasajero frescor te conduce al inmenso e insondable desierto del deseo.

                                F.P.O. (Aedo)


          Alcalá de Guadaíra, 05 de junio de 2011

«PLANETA GRIS»

Vivió aquel ser sobre un planeta gris de irregular orografía;
trabajaba arduamente para dejar su huella, para marcar su paso;
a veces creía ser portador de eternos mensajes en lejanas canciones,
pero su voz se apagaba en el circular camino
que inexorablemente le conducía a la gruta de las sombras.

En aquel lugar inhóspito, los habitantes competían en esfuerzos pueriles
conducentes al lodo de la frustración en donde se hundía la voluntad,
y en un pacto de silencio todos sus moradores veían naufragar la Luz
y se aunaban para que triunfase las tinieblas de la mediocridad.

Una ley no escrita pero misteriosamente grabada en sus núcleos,
detestaba el oro del pensamiento y el brillo de la idea,
y estoicos soportaban la vulgaridad, haciendo de ella un blasón,
una categoría universal, en donde el tuerto era el rey
que gobernaba a aquellos ciegos del conocimiento.

Todo Prometeo era aniquilado y sus despojos lanzados al olvido;
sus esfuerzos premiados con la ingratitud,
-moneda de la cual eran expertos acuñadores-
y sus nombres lapidados con sus propias letras.

La envidia era el caldo de cultivo en donde la maledicencia,
como un desarrollado virus, anidaba en aquellos cuerpos
de tez aceitunada, fiel reflejo de la hiel que destilaban.

Allí también, este hombre sentía mutar su piel,
que de un blanco níveo, la pátina del reloj lo transformaba en un gris indefinido;
en una tierra baldía; en una partícula sin armonioso “spin”.

Pronto soplo una suave brisa solar que arrastro a las desarmonias,
y aquel giro incontrolado produjo un gran cataclismo,
y en la desmesurada nebulosa, varios sistemas y sectores de galaxias
fueron arrastradas; arrasadas; aniquiladas;… ¡devastadas!

En el ruido cósmico del fondo del universo, un leve chasquido se oyó
que acompañado de un pequeñísimo destello,
fueron los únicos rastros dejados por aquel planeta gris.

La Gran Feria de la Noche con miríadas de constelaciones,
prosiguió danzando la maravillosa cadencia de las estrellas,
bañadas ahora por un leve y sutil rocío de diminutos asteroides.
En la ventana infinita, otros ojos de siete dimensiones,
oteaban el cosmos y disfrutaban soñando sus posibilidades.



Alcalá de Guadaíra, 01 mayo de 2011

                                                  F.P.O. "Aedo"

《EL ARBOL DE DIAMANTE》


«EL ARBOL DE DIAMANTE»


Miríadas de hojas mecen sus destinos al gélido viento.
Danzan al aire, suspendidas e indolentes por el céfiro de los deseos:
su fragilidad; su tierna desnudez; la oscuridad de los sentidos.
Mientras, callados y renovados brotes, apuntan esperanzados en las entrañas.

El árbol de diamantes sigue esperando –¡eternamente esperando!-,
en el silencioso bosque del cosmos,
en tanto que en sus doradas ramas germinan más ingrávidos y oxidados pálpitos.

La galerna arrecia y estremece las fibras del “cardiomío”,
y otro deseo desprendido vuela hacia no se que recóndito lugar,
en donde cientos de hojas sueltas, al jugar de la brisa, definen el eterno sendero.

Pasos turbados trituran los sueños que crujen, lastimosos,
por las veredas perdidas y los recodos inciertos,
y en polvo circundante son ahogadas aquellas partículas de amor,
y así: emigra el recuerdo; exhala el suspiro; calla la vieja canción.

De aquel árbol un violín desgrana unas simples notas
y en el sinuoso y circular vericueto del final del arco,
el tocador curva el instante sonoro,
y otra nueva fuga ordena matemáticamente el orbe.

Entonces, en el polvo inundado de lágrimas, un barro toma cuerpo,
que armonizado por calidos soles, danza frenéticos bailes amorosos.
Y aquel árbol que en su crisálida fue translúcido diamante,
ahora parece reverdecer en esplendida esmeralda:
De una de sus ramas pende una estrella que tintinea Amor.
                                                              
Sevilla, 21-12-10

                                                          F.P.O.  "Aedo"

«ARMONIAS»


La nota gobernaba el arpa que la mano tañía
y la cuerda suspiraba por el roce celeste del dedo acusador.
Entre el arpa, el dedo y la nota, el amor/desamor hilvanaba
una melodía con sabor a vainilla de Módena,
que hería y alegraba el corazón del Gran Encantador.

Las cuerdas como serpientes reptaban sobre el pentagrama vacío
y sus huevos negros, dejaban sonidos etéreos que en círculos concéntricos,
anidaban en los corredores del cerebro.

Una llama eterna, chisporroteaba al final del pasillo,
y una nube de nácar ocultaba su rostro que se antojaba:
translucido; inmutable; como de metacrilato.

Los pabilos desprendidos, se asemejaban a ingrávidas plicas,
que girando con excéntricas medidas, locamente bullían
al son de una mano invisible que orquestaba desde la noche.

Extenuadas las figuras: reposaban los compases,
y el eco lentamente modulaba un final incierto.
Las corcheas se dilataban en negras;
las blancas menguaban en garrapateas;
y el colapso insonoro se incrusto en el vacío.

Estallaron las cuerdas del arpa y la mano cayo
como lluvia de polvo sobre la armadura metálica,
cuyo dorado radiante amarilleaba desde la lejanía.

Tímpanos ciegos lloraban y sus lagrimas rojas
empapaban el corazón de la Mano Invisible
que seguía su compás desde el más profundo crepúsculo.



                                                               FPO

                                                     Alcalá, 9 de julio de 2010

«EL COMETA»

Aquel orto singular despertó
a las sutiles mariposas y a las lacerantes avispas
que batiendo y zumbando alas
comunicaban nuestros cromosomas
allende los sinuosos senos infinitos;
penetrando los curvos espacios siderales.

En el viajero cometa todo crecía y menguaba
y un acordeón cósmico interpretaba una inagotable fuga,
cuyo sujeto al jugar con las escalas cromáticas,
generaba variadas y dulces armonías,
que dejaban a los corazones como dormidos;
como ausentes de su destino: sin fe en el crepúsculo.

En el instante eterno de la elipse
una estela de gargantas gemían y vociferaban
y el orfeón de centenares de millones de voces
rompía el tul de estrellas que envolvía a la nebulosa.

Con mirada retrospectiva los ojos oteaban el horizonte
y un amargo sentimiento de piel quebrada hería los corazones,
pues los aros del destino comienzan y terminan con dolor.

La esfinge milenaria, impasible, lloraba su densa eternidad,
mientras que a sus pies, una masa de múltiples lenguas
suplicaban su inminente final recitando arcanos mantras.

Sus deseos, como ecos danzaban entre los astros,
y un sin fin de letanías, poblaban las galaxias
que absortas en sus giros, parecían ignorar.

Al final, todo aquel balbuceo se diluía, y cada átomo
en libertad ingrávida, se armonizaba formando
cuerpos translucidos y radiantes,
que en su ocaso lograban la anhelada estabilidad.


F.P.O.

Alcalá, 9 de mayo de 2010
«DESTELLOS VERDES»

En el núcleo del ánfora irradiaba la Gema
y sus destellos alcanzaban a los montes purpúreos.
Desatadas las turbulencias comenzó el último ocaso.
Y un fragor de estrellas era eclipsado
por el fortísimo tic tac del un gigantesco reloj,
que agónico, reverberaba en los espacios cóncavos de los cielos.

Una melodía abrasadora se dejo sentir
y las cadentes explosiones eran armonizadas
con silencios profundos, de rotos vacíos abiertos por el azar.

El azufre nauseabundo emponzoñaba el aire
como cien mil colectores que putrefactos respiraban.
Y una incipiente antivida generaba otra
arquitectura vital que devoraba por doquier.

Paso el primer micrón de espacio/tiempo
y un eterno vaivén sacudió
a los infinitos googolplex de átomos del universo.
La marea de sus ondas circulo como eterno tsunami,
inundando a otros fines y comienzos
en sus primigenios latidos.

En ese océano, cuyo caldo exhalaba las entrañas del cosmos,
yacía hierática el ánfora que guardaba la Gema radiante.
Sus pulsos parecían perderse entre las ácidas nubes,
pero en la inmensa expansión, en el finito horizonte,
unos tenues destellos verdes jugaban trazando
la única palabra de una cómica canción.



F.P.O.


Alcalá 24-04-2010
«LA ALAMEDA ESTA ALEGRE»
Sevillanas dedicadas a Adelita Domingo

I

La Alameda esta alegre,
tiene su cielo.
Donde brilla Adelita,
como un lucero.

Como un lucero,
que nació entre cortinas
de terciopelo
y encendió candilejas
al mundo entero.

Y es Adela un portento,
como maestra
de “cantaoras”,
cuanto le debe Arte
a esta Señora.


II

La Alameda esta alegre,
tiene su aroma
y Adelita es perfume,
que te enamora.

Que te enamora.
La Rosa Sevillana
se ha encapricha’o
y un clavelito soriano
la ha conquista’o.

Y es la casa de Adela,
en la Alameda,
Templo del arte.
Un lugar de Sevilla
para embrujarte.


III

La Alameda esta alegre,
tiene su fuego.
Donde Adela es la chispa
que puso el Cielo.

Que puso el Cielo,
en su fragua de arte
forjo luceros,
con estrellas doradas
y soles nuevos.

Y es Adela un portento,
como maestra
de “cantaoras”,
cuanto le debe Arte
a esta Señora.


IV

La Alameda esta alegre,
tiene su aire
y Adela es torbellino,
del cante y baile.

Del cante y baile,
con su talle de junco
danza a los vientos,
que flamean volantes
de sentimiento

Y es la casa de Adela,
en la Alameda,
Templo del arte.
Un lugar de Sevilla
para embrujarte.


Letra y Música:
Paco Pérez Ortega
«UN DOMINGO DE OTOÑO»

Hégira de piel curtida;
Remanso del caminante;
Deleite al navegante;
Meandros del recuerdo.

Periplo sin equipaje;
Puerto de singular destino;
Travesía de único camino;
Proa incierta sin anclaje;

Ola sin vaivén;
Marea sin resaca:
espuma de nácar,
blanca en la sien.

Brújula a fríos parajes;
Singladura en ocaso de estrellas;
Odisea sin epopeya;
Sala de espera al eterno viaje.

F.P.O. "Aedo"
Alcalá Guadaíra, 21 octubre 2008
«VIVIR»
Ángel caído me aferro a ti: vivir,
y en vuelo de fugaz abejaruco
me enhebras en vaivén de junco enjuto
donde el azar rompe perlas del sentir.

Vida, que inmenso Amazonas tu fluir,
y cuanto derroche de almas tus trucos
pues como feliz e indolente eunuco
voy en tus alas de vivir y morir.

Cuanta energía baladí quemada;
millones de soles, ¿deshabitados?;
silencio oscuro en garganta quebrada.

En tu orilla espero sutiles hados,
marinos de una aurora floreada,
que rían sin gestos malhumorados.

Y así, muriendo en los sueños gastados,
llorando y cantando apuro el elixir
del agridulce fruto de mi existir.

F.P.O
Alcalá Guadaíra, 20 de mayo de 2008
«CACHORRO»
En tu peregrinar eterno
de la eterna Mutación,
naces en la Expiración
con profunda muerte
de vida y Resurrección.

Desde el Gólgota a Triana,
por cúmulos de montes
emergentes de mil mares
que cientos de lunas bañaron,
vuelve a verter tu costado,
por relámpago de acero
en la agonía de un gitano,
el blanco carmín de armiño
que derrama mi altivez.

Fue de nuevo la reyerta,
que la herida abrió otra vez
y del circular holocausto,
nueva muerte, nuevo Ser.

Es la pelea del hombre,
es la terrible amargura
de morir sin la razón,
la daga sobre tu pecho
para enmudecer la Voz.

Y así, la herida punzada,
alivio de mi dolor.
Y así, el precioso fluido,
la hiel de mi corazón.

Señor: que entrañas tengo
que deshiela en rojo luto
la pura nieve del Sol.
Señor: que herida en la herida
enferma en llaga mi corazón.

Mirando tu faz serena
“cuando la gubia calló”,
de tu garganta quebrada
exhalas sublime Oración:
¡Amor!, ¡amor!, ¡amor!...
¿Habrá cabida en mi pecho?
¿Aguantara el corazón?

Solo tú has visto Su rostro,
solo tú, ¡Expirador!.
Desvélame el secreto,
¡oh, muerto Redentor!

Y en la cita inexorable:
Cachorro, gitano, ¡dame valor!;
¡navégame sobre tus andas
por el Gran Rio de Amor!;
¡guíame hacia tu playa!;
¡fúndeme con tu Sol!.

F.P.O. “Aedo”
Sevilla, 5 de marzo de 2008
«REQUIEBROS»
I
Ni soles, ni lunas, ni luceros quiero.
Solo te quiero a ti: ¡Mi estrella!,
para alumbrar mi cielo.

II
Velero errante fui,
navegando por siete mares.
Yo en tu puerto encontré,
refugio a los temporales.

III
Tus cabellos rayos de Sol,
tus ojos azul de cielo,
mejillas rosas en flor:
Los colores que más quiero.

IV
Desde el día que oí tu nombre,
nació una música en mi ser.
Con el tiempo se ha tornado
en sinfonía de un querer.

F.P.O
Alcalá de Guadaíra, 10 de mayo de 2008
«PRIMAVERA ES ESPERANZA»
En esta tarde preciosa de Mayo;
que el perenne jardin de Sevilla viviera;
fieles las flores en eternos tallos:
¡seas bienvenida Primavera!

¿Como cantarte una vez más la espera?
¿Como adornar de poemas tus sienes?
¿Como morir un años más tu quimera?
¿Como sentir que el fluir se detiene?

Mas la esperanza alegre deviene,
y tú caprichosa y gentil doncella,
en renovada Parca los hilos sostienes,
y haces mi alma brillar cual estrella.

F.P.O
Alcalá Guadaíra, 15 mayo 2008
«CUENTO DE NAVIDAD: ¿DONDE ESTA EL NIÑO?»


Dicen que es un tópico, pero muchas personas cuando se aproxima este Tiempo, sienten que su ser entona otra cadencia y una especie de adagio se apodera de sus mentes, haciéndoles desvelar las claves secretas de sus palpitantes cajitas sonoras, en donde guardan los recuerdos. Estos recuerdos que los demás días del año se hayan escondidos en las cavernas del pensamiento, de súbito aparecen alegres o tristes, y nos hacen: reír, llorar, recordar, en una palabra vivir. Y entonces, ante nosotros gira ese carrusel maravilloso del que emergen nuestros seres queridos, nuestras añoranzas, en fin, secuencias de la inacabada película vital. De esta forma, al final e inicio de un nuevo ciclo, recapitulamos y surge en el cinemascope de la mente el titulo de aquella película, lejos en el tiempo y cercana en el recuerdo, denominada ¿Quo Vadis?
¡Si!, ¿a donde voy? ¡Si!, ¿a donde vamos?. Estas preguntas a veces hacen zozobrar el equilibrio que da la altura de los años. Más, ante la incertidumbre, hundamos las raíces en lo profundo de los tiempos y aflorara en nosotros la serenidad de lo sustancial; la certidumbre de la palabra milenaria; el bálsamo benefactor de la herida ancestral; y las dudas, plegaran sus tiendas y como los mercaderes, se irán a morar a tierras lejanas. Entonces, en la plenitud de la conciencia deviene la Navidad como el hecho histórico necesario, al que las circunstancias pueden dificultar, pero que al final se cumplirá su inexorable profecía y nuevamente se producirá en el alumbramiento de un Niño, los deseos de amor, justicia y paz. ¡Amor!, ¡Justicia!, ¡Paz!. ¡Que oración más sencilla!. ¡Que poema mas hermoso para grabar en nuestros corazones!
Pues con el amino de ayudar a convertir estos versos en una realidad tangible, queremos buscar al dulce Niño que hace posible la Navidad, y proclamarle estos relatos, poemas y canciones, que nos salen del corazón y que a él están prendidos por los lazos de la amistad. Pero, ¡aquí ahora!. ¡En nuestros días!. ¡Hoy!, ¿verdaderamente sabemos, dónde esta el Niño?. Al evocar esta pesarosa pregunta, todavía resuena en mis tímpanos el eco arcano de aquel triste día… Más, parece que fue ayer, cuando sucedieron los acontecimientos que os queremos relatar.
Una magnifica mañana en un hermoso pueblo cercano a nuestra ciudad, se preparaba con radiante excitación, el acontecimiento anual por excelencia: la Representación del Belén viviente en el que año tras año participaba nuestra asociación poética. Aquella aurora de diciembre, un autobús nos condujo desde Sevilla a la Plaza Mayor del pueblo. A ella llegamos a primera hora de la mañana, cuando el frío arrecia por esos parajes. Sin embargo, al bajarnos del autobús, observamos una temperatura bastante calida.
El grande y frío termómetro que había en la vieja Farmacia de la plazuela, marcaba la temperatura que correspondía a la altura y latitud en donde nos hallábamos. No obstante, aunque el insensible termómetro no lo captase, el ambiente estaba impregnado de un halo radiante que daba al cielo un aspecto de azul templado, que suavizaba el rigor gélido de aquellos aires serranos.
Nos dirigimos al Casino que estaba junto a la Farmacia y tomamos el preceptivo café mañanero. Una vez restaurados fuimos conducidos por nuestra presidenta Luisa, hasta las últimas casas del pueblo, muy cerca del confín de los olivares. En una nave comercial que un piadoso vecino tradicionalmente cedía para tal evento, encontramos un grupo de personas que se disponían a participar en el ensayo general de la representación, y al que nuestra asociación se sumaba anualmente para aportar su colaboración. Esta consistía en jalonar dicho acto con declamaciones de poemas y cantos de villancicos, que a modo de presentes eran ofrecidos al Niño Jesús.
Realizados los saludos y presentaciones, Antonio, amigo de Luisa, director de la puesta en escena, pidió gentilmente nuestra atención para introducirnos en el ambiente festivo que allí reinaba. De esta manera se iniciaba el ensayo cuyo esperado estreno tendría lugar al día siguiente.
Entre bambalinas, atentos, permanecíamos colocados en los laterales del escenario esperando la señal del director. En la quietud del momento se oyó su tenue pero firme voz: “¡Adelante!” Los tramoyistas comenzaron a jalar de las cuerdas que abría el escenario. Todos atentos sonreíamos excepto Judit, una joven de la comarca vecina que con un monótono, nervioso y delatador tic, comprobaba en su reloj de pulsera, uno por uno el cadencioso paso de los segundos. Nuestro compañero Gerardo, se dispuso a salir para hacernos el honor de la presentación, así como, recitar la primera ofrenda poética. En este silencio expectante en que se dirigía al centro del escenario, miro con natural complacencia, al Niño-Dios, actor principal de aquella representación-celebración, que por su unción y dignidad diríamos cuasi litúrgica. Sus ojos recorrieron el escenario buscando el aposento que debería albergar al tierno Niño. Y lo hallo, pero cual fue su sorpresa al comprobar, que no acogía al Rey-Niño, ¡que estaba vacía! En esos momentos en que la palabra pierde su gravedad y la incertidumbre te ahoga, giro sobre sus pies en interrogante círculo y dijo: “¿Dónde esta el Niño?”. Esta simple pregunta, que al principio hasta provocó cierta hilaridad en los presentes, una vez comprendida en su profundidad, desencadeno una riada de gritos que anegó de golpe la sala.
Ante la ausencia del Niño todos gritaron, menos la joven Judit. Ella era la responsable de traer al Niño. Ella había sido encargada por el director para tenerlo y velar por Él. Por ello, con el silencio cómplice callaba su delito. Y fue este silencio punible, el magnetismo que polarizo a todas las miradas en una sola y que como un dardo se dirigió hacia ella. Cesaron las voces y el local entero se congelo en un suspiro contenido y eterno. Todos: hieráticos, pétreos, clavaron los ojos en la Joven que súbitamente paso, de un rubor provocador de sentimientos inquisitivos, a un pálido indulgente y casi angelical rostro. La ira contenida que paralizaba las gargantas se quebró de pronto cuando un joven que hacia de pastor, acertó a preguntar: “¿Qué pasa?”. Antonio, que siguió el desarrollo dramático de toda aquella algarabía, con voz templada sugirió a Judit que se explicase, ya que la mayoría de los presentes movidos solamente por la intuición y sin prueba alguna, la habían rodeado y amenazadoramente le demandaban una explicación. El director se acerco al círculo y pregunto a la Joven: “¡Tu eres la custodia del Niño!, ¿en donde lo has dejado?”. Con balbuceos sollozantes, la mujer hilvanó algunas palabras casi ininteligibles: “Yo…, Yo…. ¡Todo ha sido culpa de la batería!” Antonio casi exasperado la increpo: “¿Cómo?” Ella con la temblorosa voz que da el miedo, continuó: “Si, anoche olvide poner a cargar el móvil, y hoy no puedo recibir llamadas. ¡Que desgraciada soy, no tengo cobertura!”. Los presentes cruzaron las miradas y repitieron en múltiples sones: “¡¿Batería?!”; “¡¿Cobertura!?”; “¡¿Cobertura!?”; “¡¿Batería!?”. Antonio interrumpió el absurdo vaivén y aireado concluyo: “¡¿Qué tiene que ver, la desaparición del Niño con la cobertura?!”. “Si, muchísimo”, enfatizo la Joven: “Hace tres días vi un anuncio en un periódico solicitando un niño para una campaña publicitaria de Navidad”. Antonio interrumpiéndola de golpe: “¡Insensata!, ¿un Niño anunciando champán?”. Judit, con tono eximente puntualizo: “¡No!. La publicidad era para una colonia”. El perfume mágico de esta palabra alivio la tensión y todos exclamaron: “¡Ah…, vamos!”. Judit aprovecho la ocasión y prosiguió con su triste confesión: “Si, fue una productora de la capital, la que acepto mi solicitud y me propuso alquilarme al Niño por unas horas para la realización del anuncio. A cambio ellos me darían algún dinero y un lote de los perfumes que se anunciaban. La secretaria del productor al terminar el rodaje me llamaría, pero al quedarme sin batería en el móvil y..., y… ”Al llegar a esta conjunción su ánimo se desplomo y nuevamente lloró su culpa. Estas lágrimas lograron apagar en parte el furor desatado, y el silencio que dejaron, fue llenado rápidamente por Antonio, que como responsable necesitaba de una explicación. “¡Y...! ¿Qué paso?”, pregunto. Nuevamente todos los presentes como un coro perfectamente orquestado, afirmaron al unísono: “¡Lo han raptado!”. Judit que no deseaba admitir esta posibilidad, exclamó: “¡No!. Ellos seguramente me han llamado pero al no responderles, desconozco lo que habrán hecho con el Niño”. Antonio, con una capacidad natural para asumir contrariedades ordena inmediatamente: “¡Que alguien llame rápido a la Policía Local! ¡Tenemos que poner en su conocimiento esta desaparición!” Un participante que hacia de Criado de Herodes, desmoralizado y turbado por las circunstancias, con voz añorante de aquellas sencillas Navidades de su niñez, comentó indolente: “Llamare, pero no se si habrá alguno en la Comisaría. En estas fechas casi todos los policías locales están muy atareados en las múltiples demandan que origina el desbordante y superfluo consumo: dirigir el tráfico; vigilar comercios; prohibir petardos; controlar la alcoholemia”. Y concluyó con un melancólico suspiro: “¡Ay, Señor!, ¿que nos queda de la verdadera Navidad? ¿Y si ahora para más INRI hemos perdido al Niño?” Estas palabras cargadas de pesadumbre provocaron una exclamación general de desaliento: “¿Quién lo buscara entonces?” Y lo que anteriormente fue un grito de entrega unánime, comienza a individualizarse en comentarios egoístas: “Yo, si se suspende el ensayo tengo que poner el árbol de Navidad”; “Y yo, tengo que comprar los turrones”; Y yo, comprar el pavo y los mariscos; “Y yo…”; “Y yo…”; Y yo…”. Esta ola de desalientos, lleva a Antonio a su extremo y estalla con reproches cargados de verdad: “¡Comprar...! ¡Comprar…! ¡Comprar…! ¡Por Dios! ¡Basta ya! ¡Tenemos que encontrar al Niño! ¿Que sería de la Navidad sin el Niño? ¡Solo nos quedaría la colonia para poder soportar el olor de nuestros podridos corazones! ¿¡Dónde esta el Niño!?, os pregunto yo ahora. ¿Dónde están los que antes se rasgaban las vestiduras porque el Niño se había perdido?” Estas palabras rabiosas colmadas de razón, fueron el nuevo aglutinante que aunó voluntades. Antonio que capto este mensaje, rápidamente organizó varios grupos de búsqueda. Uno iría a la Comisaría. Otro buscaría en los Comercios. Y un tercero formado por el grupo poético, se encargaría de buscar por las calles del pueblo.
Paralelamente a estos acontecimientos, como más tarde nos narrarían, se desarrollaban otras circunstancias que la fuerza del destino los haría convergente en un preciso y determinado momento. Walter, que así se llamaba el responsable de la Productora encargada de realizar el anuncio televisivo, de una de las mil marcas de colonia, que por estas fechas nos embriagan, había terminado las secuencias de video y tenía que devolver el Niño a Judit. También debería pagarle los 30 euros pactados y obsequiarla con el lote de perfumes sobrantes del rodaje. “Ana, ¿has llamado a la Chica que nos proporciono el Niño?” Le pregunta a su secretaria con acento de sobreactuado ejecutivo. “Si, pero me da fuera de cobertura. Hace 20 minutos que no paro de llamarla”. Contesta la eficiente Secretaria.
Walter apresurado por esa dinámica que algunos señores del cine derrochan por doquier, consistente en agitados ademanes y movimientos estériles, manda que se ponga en marcha la caravana de vehículos que han intervenido en la filmación. Cristóbal, su ayudante, acostumbrado a recibir caprichosas ordenes, se limito a preguntar: “¿A donde vamos? ¿Y el Niño? ¿Qué hacemos con Él?”. Walter impertérrito exclamo: ¡Vamos a tomar café! El Ayudante intentando poner cordura en la insensatez, sugirió dirigirse a un Centro Comercial cercano que era las delicias y el nuevo templo pagano del dispendio. En él, Walter podría satisfacer su imperioso café, mientras Cristóbal comunicaría a la policía los hechos para intentar localizar a la responsable de la Criatura. Cuando llegaron al lugar propuesto, unos ensordecedores alaridos de sirenas se dejaban sentir como trágico augurio de un accidente. Walter con toda su corte, desaforados, bajaron de los vehículos rápidamente y se fueron a tomar el ansiado refrigerio. Ana y Cristóbal quedaron solos con el Niño en brazos, intentando localizar a los guardias que por causa del accidente no se encontraban en aquel lugar. La eternidad de los minutos que te afligen cuando estas inmerso en un dilema, se diluyeron de pronto con las risas y espavientos que precedían el retorno de Walter y los demás. “Pero, ¿Qué hacéis aquí como dos pasmarotes?” pregunta con cierta mofa. Ana, conmovida en su instinto maternal le contesta: “¡Pero no ves al Niño! ¿Que hacemos con Él?”. Él le replica irónico: “¡Por mi te lo puedes quedar, ja, ja, ja…!” Y con sorna prosigue: “¡Allí, no ves!. Hay un incipiente portal de Belén que estos Centros del Ocio instala todos los años. ¡Déjalo sobre el pesebre, ja, ja!” Estas palabras de total desprecio hacia aquel precioso Niño, hirieron el curtido corazón de Cristóbal que respondió con un simple silencio El productor contrariado, con acento de ultimátum le cuestiona: “¿Te vienes o te quedas?” Ana que vislumbra en esas palabras la posible pérdida de su salario con el que mensualmente afrontaba la esclavizante hipoteca, suavemente entrega el Niño a su compañero y se desliza hacia el auto en donde Walter la esperaba. Cristóbal, en la soledad del gran aparcamiento ve desfilar uno a uno los vehículos que formaban la caravana de aquellos vendedores de lo trivial; de aquellos mercaderes de lo baladí. Y como su Santo, aquel hombre siguiendo su sino, tomo al Niño sobre sus hombros e inicio la travesía. En el bullicio circundante nadie reparó en aquel extraordinario gesto; en aquella acción valiente. Así son los grandes hechos que por lo común pasan desapercibidos, pero que posteriormente, y llegado su momento, son los determinantes y decisivos de los acontecimientos futuros. Desolado en la aglomeración, y con un ruido de gripos, petardos y sirenas como música de fondo, solamente recibe una muestra de amistad de todo el orbe circundante. Una perra que se le ha debido escapar a alguien, se le aproxima, le huele su desamparo y se posa a sus pies. Él se inclina y ve en su collar una inscripción en la que se puede leer: “Lala-Jafna”, palabras que pronuncia en voz alta y que al terminarlas le añade una grandilocuente reverencia. Como en un grotesco protocolo de presentaciones, él añade murmurando con tono trágico-burlesco: “Y nosotros, El Niño y si protector Cristóbal”. Pensativo, cansado del madrugón, deambula de un lado para otro en busca de alguien que le ayude, más, ocupados todos en superfluos quehaceres nadie repara en él. Andando sin saber a donde, por extraña casualidad llegó al inconcluso establo y sorprendido comprobó que había una mullida cuna de madera y una cómoda jamuga. Se aproximo y una vez apoyado en la silla, deposito lentamente y con una ternura indescriptible al Niño en la cunita. Al acomodar al preciado Querubín sobre el algodonado aposento, como un resorte instantáneo, se dispararon cien mil alarmas y todos aquellos ruidos e indiferentes gestos fueron eclipsados por una cascada de insonoros fuegos artificiales que venían acompañados de una pura melodía de celestiales cadencias e infinitas cuerdas.
Los componentes del grupo poético, que después de un largo peregrinar sienten el amargor de la infructuosa búsqueda, elevan sus miradas implorantes al cielo que esta llegando a uno de sus más tristes ocasos. De pronto, ven elevarse los resplandores que a modo de nuevo Sol los ilumina y conforta. Entonces, movidos por no se que extraña fuerza corren al origen de la Luz, y allí, en el portal ven como despunta de nuevo el Sol de Amor, Justicia y Paz. Y así, entre circunstancias adversas, se vuelve a cumplir lo anunciado por los profetas cientos de años atrás: “Y en su luminosa soledad yacía el Rey del Mundo, cuando llegaron al portal el grupo de poetas, bardos, juglares, recitadores, copleros, rapsodas, trovadores, gentes sencillas que hacen de la palabra su razón de ser y alimento de sus vidas. Y mirando a aquel maravilloso y tierno ser, experimentaron ese sublime éxtasis que deviene al observar el mar, y añorar en él a nuestro primitivo hogar. De igual modo, sus poéticos corazones quedaron cautivados al contemplar la Divina Palabra, que por excelencia es el Verbo Encarnado. Por ello, imbuidos de un mágico aliento, ahora danzaban, ahora recitaban, ahora cantaban, y una luz invisible; un halo inescrutable, hizo que todos los presentes volviesen sus rostros ya iluminados hacia el Portal y uniéndose en las canciones, himnos y alabanzas, proclamaban con alegre certeza: “¡Hemos encontrado al Niño! ¡Esta aquí!. Y esta solemne afirmación hizo sonreír en aquel momento al Salvador del Mundo.

F.P.O.
Alcalá de Guadaíra, 18 diciembre 2007
«ROMERIA DE ANGELES»
En los Salones del Cielo
hay revuelo esta mañana,
los Angelitos más chico
solo tocan las campanas.

Toca que toca Jacinto,
toca que toca la Juana,
y es que cada Angelito
repica por sevillanas

La Virgen esta nerviosita,
la tienen desatinada,
varias veces en el pasillo
les pidió que se calmaran.

Son cosa de los chiquillos:
dale que dale a la rama,
porque piensan que es muy tarde
y se le ha pega’o la cama.

Unas se ponen las sayas,
otros sus zapatitos.
Paco pide una toalla
y Ana sus zarcillitos.

Mas el silencio se hace
y cesa la algarabía.
Todo es quietud y temple:
Maravillosa armonía

Solo a lo lejos se escucha,
los sollazos de Antoñito,
que reza a San Cucufato
por no encontrar el sombrerito.

Y todo esta preparado
en las celestes llanuras:
ángeles multicolores,
relucientes de hermosura.

Serafín va a la Señora
y le susurra al oído:
“Que cuando quiera nos vamos,
que diga si ya salimos.

La Virgen de los Ángeles,
en los albores del día,
entre azucenas y claveles,
comienza su romería.

En Montequinto la esperan,
sus hijos están inquietos,
pues quieren ver a su Reina
que ya sienten en el pecho.

Cuando a la hora fijada
contemplan su rostro bello,
las gargantas se comprimen
y se erizan los cabellos.

¡Mira la Virgen bonita!
¡Que ojos como luceros!
¡Que nácar son sus mejillas!
¡Que labios de terciopelo!

Y el barrio se vuelve loco,
la pasean con salero,
y van hacia su Capilla
donde le rezara el pueblo.

¡Virgen mira mis nietos!
¡Virgen vela mi esposa!
¡Virgen cuida mis hijos!
¡Virgen de ti soy devota!

Más yo que soy peregrino,
y solo se caminar:
¡Virgen Santa! ¡Dios te Salve!
¡Hoy, te he venido a rezar!

F.P.O.
Sevilla, 14 de abril de 2007
«CAVATINA A MANUEL MELADO PRADO»
La ran la lera, la ran la la...
La ran la lera, la ran la la...

La la lan, la la lera.
La lan, la la lera.
La lan, la la lera.
La lera la la...

Don Manuel Melado,
que barbaridad,
es Vd. un portento
de fertilidad.
Un Fígaro “in person”,
en tiempo real
afortunadísimo:
la pura verdad.

La la lan, la la lera.
La lan, la la lera.
La lan, la la lera.
La lera la la...

La prosa y el verso,
¡que profundidad!.
Tijeras y peines,
maneja sin par.
Un Fígaro nuestro,
intelectual.
¿Si viera Rossini
que es la realidad?

La la lan, la la lera.
La lan, la la lera.
La lan, la la lera.
La lera la la...

La prensa y la Radio,
La Tele y los Medios,
maneja con gracia
y rotundidad.
Con verde esperanza,
escribe poemas,
compone canciones,
nos hace soñar.

Melado, Melado, Melado,
Melado, Melado, Melado,
Melado, Melado, Melado,
Melado, Mela..., do.......

Cruza bahías;
Mira a la cara;
Baila que baila;
¡No falte de ná’!.
La primavera,
no me la pierda,
¡la Primavera,
“per caritá”!.

La la lan, la la lera.
La lan, la la lera.
La lan, la la lera.
La lera la la...

Desde su bottega,
la Sangre y Sonrisa,
Romance y pasiones,
los sabe endulzar.
Me hace llorar;
se ríe del Mundo:
Mensaje fecundo
a la actualidad.

Ja Ja Ja.., Ja Ja jera.
Ja ja.., ja ja jera.
Ja ja.., ja ja jera.
Ja jera ja ja...

Manolo Melado,
ha sido un “piacere”,
cantarte la copla,
es la “veritá”.
Permite el tuteo
en la cavatina
y te alzo mi copa
de “félicita”...

Largo al premiado barbero, largo.
Largo al “carisimo” bardo, largo.

Paso al barbero,
al trovador,
al mensajero,
al soñador.
Paso al “factotum”,
comunicador,
paso al poeta,
paso al Señor...

La la lan, la la liero.
La lan, la la liero.
La lan, la la liero.
La liero,... “my lord”...

F.P.O.
Sevilla, 10 de mayo de 2007
«FANDANGOS LUNARIOS»
I
Menguante estaba la Luna
celosa de mí querer.
Su cara la pena oculta,
llorando blanco piqué.
Piensa que la Nueva Luna,
me va a embelesa’ otra vez.

II
Cuantas noches te sigo
por sembrado’ y barbechos
y al amanecer el día:
el mismo dolor en el pecho.
Él te cubrió de azul y oro
y Yo, me quede maltrecho.

III
Luna blanca de queso,
medalla de plata fina,
cuantos poetas soñaron
y te cantaron en versos.
Eternamente te miran
y tú no le das ni un beso.

F.P.O.
Sevilla, 10 mayo de 2007
«SEGUIDILLAS de AMOR y DUELO»
I
¿Si el tiempo soplara,
para volver a empezar,
y cogerte en mis brazos
para navegar?

¡Sendas azules,
volaría contigo,
sobre las nubes!

II
Yacías en silencio,
---en ti pensaba---,
y sentía tu alma
a mi abrazada.

¡Dime consuelo!:
¿como pueden las almas
vivir en los duelos?

F.P.O.
Sevilla, 30 de marzo de 2007
«EL TIEMPO»
El tiempo labra mi faz,
y esculpe mi mente
y crea en mí, inconsciente,
lo que será, ¡será!

Solo con la fantasía se halla,
desvelar algo sus velos,
y entrever en su malla
sus designios postreros.

¡Ay, tiempo que me llevas!
¡Ay, tiempo que me traes!
¿Hacia que mares navegas
si el sol en el poniente cae?

Vago en el cosmos finito,
sediento de la Gran Verdad.
y solo Tú: ¡bálsamo!, ¡hálito!,
¡agua!, impregnas mi eternidad.

F.P.O.
Sevilla, 20 de marzo de 2007
«OASIS»
Ven y descansa peregrino sediento;
escucha el lenguaje de las hormigas;
el fluir del agua pura en el desierto.
¡Ven, reposa tus solitarias fatigas!

Y cuando tu cuerpo no sea lamento,
y cures tu corazón de toda herida,
retorna al camino de polvo y viento,
transita el sendero de eterna partida.

¡Descubre tu pecho al Sol que te abraza!
¡Sigue su estela dorada en el firmamento!
¡Siente tu vida que comienza, no acaba!
Y, ¡canta!, ¡canta!, ¡cuando te falte aliento!

Sube tu montaña despacio, y de cara.
Oye los coros de Gloria y lamento,
y al final del recodo, ¡en la encrucijada!,
veras Su Rostro en el ocaso del tiempo.

Soportar desnudo su eterna mirada.
Muestra tu corazón sereno y contento,
pues todo comienza al parecer que acaba,
y todo acaba en un eterno comienzo.

F.P.O.
Sevilla, 17 de marzo de 2007
«LA BRISA»
La brisa besa mi cara
y tú en la distancia velas.
La brisa surca mi rostro
y solo el deseo vuela.

¡Coger el viento quisiera
y montar sobre sus lomos,
cabalgando desbocado,
cabalgando mi quimera!

¿dónde vas corcel brioso?
¿a dónde tus pasos llevas
en torbellino furioso?

Tengo mi amada perdida
y voy al Monte del Gozo,
¡allí curare la herida!

F.P.O
Sevilla, 14 de marzo de 2007
«ÁNIMA ROTA»


Hoy tengo el ánima rota,
de cantar sin alegría.
Siento pena, y se nota,
porque no amanece el día.

Anoche en la encrucijada,
una persona gemía,
un llanto de muerte sorda:
Silenciosa melodía.

Hoy tengo el ánima rota,
porque no amanece el día:
¡Que cante con el corazón
las coplas del alma mía!

F.P.O.
Sevilla, 10 de marzo de 2007
«LA FE DEL TRANSEUNTE»
En esta estación de la Vida,
espero el destino de Muerte.
¡Muerte!, ¿porque vives en la Vida?
¡Vida!, ¿porque sueñas con la Muerte?
Vida y Muerte, Muerte y Vida,
ya en el primer soplo, presente.

Viviendo moriré en lo vivido,
y muriendo viviré en lo ausente.
Transitaré tus caminos por las veredas celestes,
caminaré como perdido con la Fe de no perderse,
y partiré contigo sobre tus ruedas crujientes
circulando en el Retorno de la Vida, Vida y Muerte.

Y así, quiero vivir mi Vida,
y así, quiero morir mi Muerte,
Cantando, Cantando, Cantando mi suerte,
de haber compartido el viaje,
con la esposa, hijos, y amigos de siempre.

Muerte y Vida, Vida y Muerte,
moneda de un solo curso, de Destino indiferente.
De viaje sin retorno a la frontera viviente,
donde se cruza el sendero:
a regiones sin noticias; a lugares indolentes;
a anhelados Paraísos, de morar eternamente,
donde yacen desde el principio todos los muertos vivientes.

Hermana Vida, hermana Muerte.
se que vendrás a buscarme, y no quiero estar como ausente,
aquí estoy en mi destino, y te abrazare al verte,
me encontraras vigilante por tu tren de Vida y Muerte.

Que a sus vías fui traído, y de tus andenes presentes,
surcare los infinitos, y andando con mis ausentes,
arribaré a la Montaña de la Luz Omnipotente,
y allí encontrare el Gran Señor que grito:
“Vida, Vida, Vida, y por Amor vencí la Muerte”.

F.P.O.
Sevilla, 6 de marzo de 2007