«ROMERIA DE ANGELES»
En los Salones del Cielo
hay revuelo esta mañana,
los Angelitos más chico
solo tocan las campanas.

Toca que toca Jacinto,
toca que toca la Juana,
y es que cada Angelito
repica por sevillanas

La Virgen esta nerviosita,
la tienen desatinada,
varias veces en el pasillo
les pidió que se calmaran.

Son cosa de los chiquillos:
dale que dale a la rama,
porque piensan que es muy tarde
y se le ha pega’o la cama.

Unas se ponen las sayas,
otros sus zapatitos.
Paco pide una toalla
y Ana sus zarcillitos.

Mas el silencio se hace
y cesa la algarabía.
Todo es quietud y temple:
Maravillosa armonía

Solo a lo lejos se escucha,
los sollazos de Antoñito,
que reza a San Cucufato
por no encontrar el sombrerito.

Y todo esta preparado
en las celestes llanuras:
ángeles multicolores,
relucientes de hermosura.

Serafín va a la Señora
y le susurra al oído:
“Que cuando quiera nos vamos,
que diga si ya salimos.

La Virgen de los Ángeles,
en los albores del día,
entre azucenas y claveles,
comienza su romería.

En Montequinto la esperan,
sus hijos están inquietos,
pues quieren ver a su Reina
que ya sienten en el pecho.

Cuando a la hora fijada
contemplan su rostro bello,
las gargantas se comprimen
y se erizan los cabellos.

¡Mira la Virgen bonita!
¡Que ojos como luceros!
¡Que nácar son sus mejillas!
¡Que labios de terciopelo!

Y el barrio se vuelve loco,
la pasean con salero,
y van hacia su Capilla
donde le rezara el pueblo.

¡Virgen mira mis nietos!
¡Virgen vela mi esposa!
¡Virgen cuida mis hijos!
¡Virgen de ti soy devota!

Más yo que soy peregrino,
y solo se caminar:
¡Virgen Santa! ¡Dios te Salve!
¡Hoy, te he venido a rezar!

F.P.O.
Sevilla, 14 de abril de 2007