«PLANETA GRIS»
Vivió aquel ser sobre un planeta gris de irregular orografía;
trabajaba arduamente para dejar su huella, para marcar su paso;
a veces creía ser portador de eternos mensajes en lejanas canciones,
pero su voz se apagaba en el circular camino
que inexorablemente le conducía a la gruta de las sombras.
En aquel lugar inhóspito, los habitantes competían en esfuerzos pueriles
conducentes al lodo de la frustración en donde se hundía la voluntad,
y en un pacto de silencio todos sus moradores veían naufragar la Luz
y se aunaban para que triunfase las tinieblas de la mediocridad.
Una ley no escrita pero misteriosamente grabada en sus núcleos,
detestaba el oro del pensamiento y el brillo de la idea,
y estoicos soportaban la vulgaridad, haciendo de ella un blasón,
una categoría universal, en donde el tuerto era el rey
que gobernaba a aquellos ciegos del conocimiento.
Todo Prometeo era aniquilado y sus despojos lanzados al olvido;
sus esfuerzos premiados con la ingratitud,
-moneda de la cual eran expertos acuñadores-
y sus nombres lapidados con sus propias letras.
La envidia era el caldo de cultivo en donde la maledicencia,
como un desarrollado virus, anidaba en aquellos cuerpos
de tez aceitunada, fiel reflejo de la hiel que destilaban.
Allí también, este hombre sentía mutar su piel,
que de un blanco níveo, la pátina del reloj lo transformaba en un gris indefinido;
en una tierra baldía; en una partícula sin armonioso “spin”.
Pronto soplo una suave brisa solar que arrastro a las desarmonias,
y aquel giro incontrolado produjo un gran cataclismo,
y en la desmesurada nebulosa, varios sistemas y sectores de galaxias
fueron arrastradas; arrasadas; aniquiladas;… ¡devastadas!
En el ruido cósmico del fondo del universo, un leve chasquido se oyó
que acompañado de un pequeñísimo destello,
fueron los únicos rastros dejados por aquel planeta gris.
La Gran Feria de la Noche con miríadas de constelaciones,
prosiguió danzando la maravillosa cadencia de las estrellas,
bañadas ahora por un leve y sutil rocío de diminutos asteroides.
En la ventana infinita, otros ojos de siete dimensiones,
oteaban el cosmos y disfrutaban soñando sus posibilidades.
Alcalá de Guadaíra, 01 mayo de 2011
F.P.O. "Aedo"
